sin correr por los pasillos

Lo bueno de empezar de cero por enésima vez es que los mismos errores los cometes con mucho más estilo.


Adolescentes en Plaza España.

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(Source: shikseh, via cronopio1979)

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El estado del bienestar.

Tengo la inmensa suerte de tener un trabajo. Aunque después de estudiar dos carreras, un máster y estar en vías de obtener un doctorado nunca llego a fin de mes, porque soy mileurista. A pesar de que llevo trabajando más de 10 años.

En la universidad pública en la que trabajo, el sueldo de algunos de mis colegas doctores no llega a 800€ al mes. Mi departamento de ciencias sociales, a penas recibe subvenciones para investigación, porque nuestro trabajo aporta una visión crítica del panorama mundial pero no produce beneficios económicos para las empresas, así que no tenemos secretario y los profesores e investigadores hemos de dedicar gran parte de nuestro tiempo a tareas burocráticas y administrativas. A pesar de todo, algunos de mis compañeros adelantan de su propio patrimonio dinero que necesitamos para poder seguir investigando.

Vivo en Madrid y el alquiler de mi piso de un dormitorio (lo más barato que he podido encontrar), se lleva el 70% de mi sueldo. El resto lo dedico a pagar facturas de Canal de Isabel II, Gas Natural Fenosa, Ono… Con 36 años, me estoy planteando volver a compartir piso, como en mi época de estudiante. Hago la compra en el Día% y “elijo” productos de marca blanca que son más baratos.

Mi pareja vive en Albacete, porque no pudo encontrar empleo en Madrid a pesar de estar altamente cualificado y, cuando puedo ir a verle, utilizo el autobús, pues el maravilloso AVE que pone a España a la cabeza de la modernidad y la tecnología punta me costaría entre 113 y 204€ por viaje.

Mi mejor amiga es licenciada en Filosofía y diplomada en Trabajo Social, pero vive de vender pendientes que fabrica ella misma y dar alguna que otra clase particular. Su hermana es ingeniera y vive con su pareja (licenciado en Historia) en un piso cuya hipoteca asciende a 1000€ al mes. Están los dos en paro desde hace meses.

Tengo un colega del barrio que duerme en un coche prestado. Le dan de comer en un bar de la zona a cambio de echar una mano pelando patatas o fregando platos. Cuando está muy apurado (porque se puede estar aún peor) vende hachís, cocaína, cristal y pastillas. Como dicen los Extremoduro “pues no sólo de pan vive el hombre”.

Podría contaros decenas de casos más a mi alrededor, pero creo que para muestra, basta con un par de botones. Os animo a contar vuestras propias historias y las de vuestros amigos y vecinos.

Mientras las personas sobrevivimos como buenamente podemos en un sistema que, hace mucho, se pasó de rosca: Zapatero y Merkel se dan palmaditas en la espalda por lo bien que lo están haciendo; Rajoy pone la mano a fin de mes por decir memeces, mientras espera a que caiga este gobierno para seguir viviendo del cuento; de la Vega ostenta cada día un modelito nuevo de Gucci; Sinde propone leyes para que “la cultura” siga siendo un producto de consumo que enriquece a una elite que se pasea en traje de noche por la alfombra roja, subvencionados por una sociedad civil que malvive asfixiada; la policía recibe comisiones por poner multas a los ciudadanos de a pie y es sancionada por el Estado si no recauda un mínimo estipulado; Botín afirma encantado que vamos por el buen camino (el Banco Santander se ha situado por tercer año consecutivo entre los cinco primeros bancos del mundo por beneficio. “La crisis ha puesto de manifiesto lo acertado de nuestra estrategia”, se atreve a decir sin ningún pudor); mantenemos un Senado que según parece no sirve para nada, pero eso sí, cada senador percibe un salario base de 3126€ mas 250€ para taxis, 50€ para comunicaciones informáticas, 100€ si no disponen de teléfono oficial, 150€ AL DÍA de dietas por cada viaje oficial en el extranjero, 120€ de dietas al día en España; UGT y CCOO se venden al neoliberalismo salvaje; suben los impuestos y los precios y bajan los salarios y las pensiones; y suma y sigue, suma y sigue, suma y sigue hasta el infinito…

¿EN ESTO CONSISTE EL ESTADO DEL BIENESTAR CON EL QUE SE LES LLENA LA BOCA A LOS QUE MANEJAN EL COTARRO? Habrá que pedir entonces a la RAE que revise la definición de su diccionario:

bienestar.(De bien y estar).

1. m. Conjunto de las cosas necesarias para vivir bien.

2. m. Vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad.

3. m. Estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica.

O mejor, habrá que salir a la calle para poner las cosas en su sitio: exigir la libertad, decencia, justicia y dignidad que nos pertenece y nos han arrebatado.

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donttellmyboyfriend:



“Governments should be afraid of their women.”

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“Governments should be afraid of their women.”

(via cronopio1979)

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luna1919:

david & goliath

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david & goliath

(via luna1919-deactivated20110614)

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Frente a la pantalla.

Frente a la pantalla.

El psicoanalista.

El psicoanalista es un tipo circunspecto, generalmente con gafas de montura al aire, que a menudo te recibe con un: “pasa, pasa, ponte cómoda acabo en un minuto” sentado ante su escritorio de estilo colonial, mientras toma notas en una misteriosa agenda de piel marrón.

Las paredes de la consulta del psicoanalista están cubiertas de estanterías de madera maciza atiborradas de libros de Jung, Freud, por supuesto Kafka…

Además del consabido diván que jamás se utiliza, junto a la mesa, de espaldas a una ventana cuya persiana nunca está abierta del todo, hay un mullido sillón beige con anchos brazos y en medio de la estancia frente a él, a modo de ESPEJO (como vaticinando lo que allí va a suceder) un silloncito de patitas cortas con el respaldo en forma de u. De ésos que te abarcan, de ésos que te atrapan.

El psicoanalista siempre se acerca para saludarte con un correcto apretón de manos al principio y un par de besos cómplices a partir de la tercera o cuarta sesión, antes de entrar en materia.

Una vez sentados el uno frente al otro, el psicoanalista te mira, calla y espera.

El psicoanalista es un devorador de sueños, neurosis, fantasías y frustraciones. Se ubica en su sillón mullido como un ávido cinéfilo se acomoda en su butaca de la filmoteca.

¡Qué empiece la función!

- Hoy soñé que mi gata se casaba en una iglesia románica ubicada junto a un templo budista. Yo iba vestida de blanco y cientos de invitados acudían a la ceremonia, mientras la novia, ajena a todo, perseguía a una libélula por el jardín y monjes con túnicas amarillas entraban y salían del templo…

El psicoanalista esboza una sonrisa casi imperceptible.

- …mi novio me incita a hacer tríos, pero luego se pone celoso y me llama puta por haberme excitado con su mejor amigo…

El psicoanalista asiente levemente.

- …yo debía tener seis años, cuando llegué a casa había un reguero de sangre por el pasillo. Escuché como mi madre gritaba con desesperación que llamáramos a la policía, pero mi padre había atrancado la puerta de su dormitorio y no pudimos entrar…

El psicoanalista siempre tiene a mano una caja de Kleenex. Están incluidos en los 70€ que cuesta la sesión.

También tiene a la vista un reloj que sólo él puede ver. Al cabo de 50 minutos, el psicoanalista se levanta del sillón sin decir una palabra, invitándote a abandonar la consulta con su lenguaje corporal.

El psicoanalista no es como esos psicólogos conductistas que te mandan “deberes”. Yo diría más bien que es un amante de los puzles: tú le llevas las piezas desordenadas del puzle de tu vida y él te mira, calla y espera, mientras tú misma las vas encajando en su sitio. Con un poco de suerte, en ocho o diez años tienes el puzle semicompleto.

El psicoanalista tiene una hija adolescente que le trae de cabeza porque consume pastillas en las discotecas, se ha divorciado dos veces y se siente culpable porque hace tres años que no va a ver a su madre a la residencia.

Pero a mí, en seis años, nunca me lo ha contado.